Después de décadas de declive, la industria de la lana en Nueva Zelanda muestra signos de recuperación, gracias a una creciente demanda de fibras naturales. Los agricultores, como John Hargreaves, observan una mejora en los precios y beneficios. Las marcas globales vuelven a interesarse por la lana neozelandesa, mientras que los acuerdos comerciales favorecen las exportaciones. El futuro se presenta prometedor para este sector histórico.