El autor explora los orígenes del racismo y la misoginia, subrayando que estas creencias están arraigadas en la estructura misma de los individuos. Explica que estas filosofías, consideradas como verdades fundamentales, son difíciles de cambiar. Usando la metáfora de un apocalipsis zombie, ilustra cómo las personas afectadas por estas creencias pueden ser percibidas como "zombis", mientras que aquellas que no han sido influenciadas pueden esperar un cambio.