Las manifestaciones en Francia, inicialmente pacíficas, degeneraron en disturbios, resultando en la muerte de un manifestante y más de 500 policías heridos. Se incendiaron edificios gubernamentales, y cerca de 1 800 personas fueron arrestadas. Las críticas al gobierno se multiplican, mientras que el presidente Macron se prepara para dirigirse a la nación. Las demandas se centran en el costo de la vida y la inversión en los servicios públicos.