En un contexto donde el 77% de los profesionales de la salud consideran que el aborto es una cuestión médica, el silencio de las asociaciones profesionales plantea interrogantes. A pesar de las solicitudes de diálogo, pocas organizaciones han respondido, lo que sugiere que las creencias religiosas de sus líderes obstaculizan su deber profesional. Este fenómeno pone de relieve un conflicto ético que podría perjudicar los derechos de los pacientes y el acceso a la atención.