Este verano, el Centro hospitalario territorial Gaston-Bourret de Nueva Caledonia hace un balance de su situación, dos años después de los disturbios que afectaron profundamente a la isla. Los directores del establecimiento destacan la fragilidad del sistema de salud, exacerbada por dificultades de contratación y una crisis económica persistente. A pesar de estos desafíos, el hospital se esfuerza por mantener sus actividades y mejorar la atención, mientras enfrenta un agravamiento de las enfermedades crónicas en la población.