A medida que se acerca Todos los Santos, los cementerios guadalupeños cobran vida. Familias, amigos y trabajadores se movilizan para embellecer las tumbas de sus difuntos. Este gesto, transmitido de generación en generación, es una forma de rendir homenaje y perpetuar la memoria de los desaparecidos. Algunos también lo ven como una oportunidad de ingresos, lo que demuestra la importancia de esta tradición en la cultura local.