Martinica está experimentando un declive demográfico, principalmente debido a la partida de jóvenes para estudiar o trabajar. Los dispositivos públicos fomentan esta movilidad, pero tienen dificultades para incentivar el regreso. Para frenar esta tendencia, la educación de las familias es crucial. Transmitir una cultura, un apego al país y un anclaje material puede suscitar el deseo de regresar. Los electos y la sociedad civil también deben desempeñar su papel para crear condiciones favorables al regreso de los jóvenes.