Una economía subterránea floreciente, alimentada por el contrabando, se desarrolla en las prisiones de Trinidad y Tobago. El secretario general de la Asociación de Agentes Penitenciarios ha revelado que agentes corruptos facilitan este comercio ilegal, a menudo por miedo a su seguridad o debido a deudas de juego. Las condiciones de sobrepoblación y el aislamiento prolongado de los detenidos agravan esta situación, dificultando la eliminación de este fenómeno.