Irán adopta una estrategia más agresiva hacia Estados Unidos, mientras el conflicto en curso se intensifica. Los líderes iraníes, bajo la dirección del Guía Supremo, reorganizan su liderazgo militar para priorizar operaciones ofensivas. Este nuevo enfoque busca reforzar su posición en las negociaciones y movilizar a sus aliados en la región. Las tensiones aumentan con amenazas recíprocas, incluyendo ataques a infraestructuras petroleras.