El Papa calificó de "terrible" el reciente ataque en Kenscoff, Haití, donde la violencia costó la vida a muchas personas. Durante su discurso, expresó su solidaridad con las víctimas y sus familias, al tiempo que pidió la liberación inmediata de los rehenes. También instó a los responsables a actuar para garantizar la seguridad de la población ante la escalada de la violencia de las pandillas.