Tras el violento ataque en Kenscoff que dejó numerosas víctimas, la vida cotidiana retoma su curso. Las autoridades, que habían emitido alertas, parecen desentenderse, dejando espacio a otros temas en los medios. La población continúa luchando, mientras que la falta de reconocimiento oficial para las víctimas suscita críticas. Solo algunas intervenciones gubernamentales han tenido lugar en el terreno.