El presidente brasileño afirmó que no intervendría en las investigaciones que afectan a su hijo Fábio Luís, apodado Lulinha. Preciso que no se había presentado ninguna acusación formal en su contra y que las conclusiones se basaban en escuchas telefónicas. Lula subrayó su doble función de presidente y padre, al tiempo que insistió en la necesidad de que su hijo rinda cuentas por sus actos como cualquier ciudadano.