La afluencia a los lugares náuticos en Nueva Caledonia ha disminuido, especialmente en Anse-Vata, donde los practicantes son escasos. Los arrendadores y monitores deben redoblar esfuerzos para tranquilizar a los clientes y adaptar sus prácticas. Los clubes de vela establecen normas de seguridad más estrictas, mientras que algunos comercios se reorientan hacia actividades alternativas para sobrevivir a esta crisis.