Entre el 2 y el 21 de agosto de 2026, el Centro Hospitalario Universitario de Guadeloupe se enfrentó a una saturación de su servicio de urgencias, con pacientes psiquiátricos mantenidos atados en camillas debido a la falta de camas disponibles. Esta situación, considerada indignante, provocó la intervención de una magistrada y la implementación de un nuevo protocolo. Las instituciones de salud luchan por gestionar el creciente aflujo de pacientes, revelando deficiencias en la atención de la salud mental.