En Haití, las elecciones, que deberían estructurar la vida política, a menudo se posponen o se cancelan, a pesar de las disposiciones constitucionales. Las fechas electorales, habitualmente planificadas con años de antelación, son regularmente ignoradas. Esta situación plantea interrogantes sobre la capacidad del país para cumplir con sus compromisos democráticos y renovar su personal político en un contexto de crisis persistente.