Martinica debe encontrar un equilibrio entre centralización y autonomía, sin optar por la inmovilismo. La reflexión debe partir de las necesidades concretas del territorio, adaptando las políticas públicas a las realidades locales. Los obstáculos al desarrollo deben ser identificados para permitir una acción eficaz. Un método pragmático y habilitaciones adecuadas son necesarias para fortalecer la responsabilidad local mientras se permanece dentro del marco republicano.