La sociedad antillana atraviesa una fase crítica en el plano económico y político. Las antiguas ideas sobre la autonomía y el desarrollo ya no son suficientes para comprender los desafíos actuales. La desaparición de los bancos locales y la dependencia de los criterios de crédito hexagonales frenan el crecimiento económico. Para avanzar, es crucial repensar la financiación y fomentar la innovación, al tiempo que se integran las especificidades de las economías insulares.