Guadalupe y Martinica deben repensar su modelo económico ante los desafíos climáticos y la dependencia agrícola. La agricultura, aunque importante, ya no puede ser el pilar principal del desarrollo. Es crucial explorar otros sectores generadores de valor, como la industria agroalimentaria y los servicios, al tiempo que se integran las especificidades geográficas de los territorios para favorecer una transformación local y sostenible.