Las pandillas en Haití continúan creciendo en poder gracias a un suministro ilegal de armas, a pesar del embargo de la ONU. El Alto Comisionado de Derechos Humanos ha alertado sobre la brutalidad de los ataques, como el de Kenscoff, que ha causado numerosas víctimas. Los tráficos de armas, a menudo provenientes del extranjero, exacerban un ciclo de violencia que afecta a las poblaciones civiles, haciendo que la situación sea cada vez más crítica.