Los viticultores franceses esperan una cosecha de vino entre las más bajas en 30 años, debido a una sequía severa y olas de calor. Las primeras estimaciones indican una producción de menos de 34 millones de hectolitros, lo que representa una disminución notable en comparación con años anteriores. Las condiciones climáticas extremas han causado daños a las uvas, mientras que algunas regiones, como Champagne, sufren pérdidas significativas.