La situación de los niños afganos es alarmante, con un millón de ellos sufriendo de desnutrición severa. La desnutrición debilita su inmunidad, haciéndolos vulnerables a las infecciones. Los hospitales están saturados, y el número de niños que requieren hospitalización ha aumentado considerablemente. Esta crisis es el resultado de factores ambientales y políticos, agravada por recortes en la financiación humanitaria.