En abril de 1997, durante un encuentro de boxeo amateur en Dzaoudzi-Labattoir, Moilim Ramia, campeón de Europa, expresó su alegría por la acogida del público. A pesar de las condiciones precarias, destacó el entusiasmo de los jóvenes por este deporte. Ramia abogó por la creación de un gimnasio, una necesidad aún no satisfecha casi veinte años después, dejando a los boxeadores mahorenses sin equipamientos adecuados.