David y Michèle Guilbert vivieron una mala experiencia a su llegada a Saint-Pierre-et-Miquelon. Su perro, Roger, no estaba en el vuelo y fue olvidado en el aeropuerto. Después de intercambios con el personal, fue colocado en un refugio por la noche. Los propietarios estaban preocupados por su bienestar. Finalmente, Roger fue transferido para reunirse con sus dueños, destacando las complicaciones relacionadas con el estatus de los animales como equipaje.