Las tensiones económicas y geopolíticas impactan gravemente el crecimiento mundial, con efectos notables sobre el empleo y los ingresos, particularmente para los trabajadores migrantes. La crisis en Oriente Medio exacerba estos desafíos, provocando un aumento de los costos de la energía y perturbaciones en las cadenas de suministro. Las previsiones indican una disminución del crecimiento y una presión creciente sobre los sistemas alimentarios, agravando las vulnerabilidades de las economías en desarrollo.