Gilles Agricole propone una reflexión innovadora sobre el derecho de aduana, sugiriendo utilizarlo para financiar la producción local a través de las importaciones. Inspirado en el modelo del cine francés, argumenta que los impuestos sobre las importaciones podrían apoyar a las empresas martiniqueñas. Este enfoque buscaría transformar un desafío económico en una oportunidad, fomentando el empleo y el desarrollo local en lugar de simplemente alimentar los presupuestos de las colectividades.