Entre el 1 y el 2 de septiembre de 1888, Ponce fue golpeado por inundaciones devastadoras causadas por el huracán San Gil, provocando una crisis sin precedentes. Las fuertes lluvias provocaron el desbordamiento del río Portugués, afectando particularmente a los barrios vulnerables. Los medios de comunicación de la época cubrieron ampliamente la catástrofe, revelando pérdidas humanas y destrucciones materiales considerables. A pesar de los esfuerzos de rescate, muchas víctimas fueron descuidadas en su lucha por reconstruirse.