Un informe encargado por el gobierno sueco destaca las consecuencias económicas de una posible pérdida de cuatro millones de habitantes para 2100. Los expertos subrayan la necesidad de una inmigración aumentada para paliar la falta de mano de obra en varios sectores. Paralelamente, surgen críticas sobre la falta de cuestionamiento de las políticas de bienestar, llamando a medidas para fomentar la natalidad y apoyar a las jóvenes familias.