La prevalencia de la obesidad en niños y adolescentes se ha cuadruplicado desde 1990, lo que ha llevado a la OMS a publicar recomendaciones para el tratamiento. Estas directrices enfatizan la importancia de intervenciones que combinan alimentación, actividad física y cambios de comportamiento. Para los niños menores de 10 años, no se recomienda ningún tratamiento farmacológico. También se hace hincapié en la salud mental, esencial para un acompañamiento integral.