El Caribe, especialmente Guadalupe y Martinica, se ha convertido en un punto neurálgico en el tráfico de cocaína, atrayendo la atención de los cárteles sudamericanos. Este fenómeno provoca una intensificación de los esfuerzos para combatir el narcotráfico, involucrando a las marinas estadounidenses y francesas. Se están implementando medidas de seguridad, incluyendo el uso de drones para vigilar las costas y fortalecer la cooperación regional.